rotoso, algunos días con hambre, todos los días sin
plata, comencé por fin a temar con que puede ser
que me fuera mejor en Buenos Aires, en donde
nunca me podría ir peor, porque esas provincias
nunca son buenas para hombres así como yo, sin un
peso, ni mucha letra menuda, ni mucha fuerza... ni
muchas ganas de trabajar tampoco... Y tanto temé,
que al fin resolví largarme.
fragmento de el casamiento de laucha.
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